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Una fíbula de codo en las estribaciones de la Cordillera Cantábrica: "La Cildad", Sabero, León.

Este trabajo fue publicado en la revista "Lancia", nº 3. 1999. Su autor es J. Celis Sánchez de la I. L. C. Diputación de León.


Localización: El yacimiento de "La Cildad" en Sabero, León.

Al este de la localidad leonesa de Sabero, dentro de su término municipal y a unos tres kilómetros, se encuentra el yacimiento castreño denominado "La Cildad". Está asentado por encima del establecimiento industrial de Vegamediana, Hornos de Cok de la extinta empresa Hulleras de Sabero S. A. Su situación coincide con las coordenadas 01º 26´30´´ de longitud oeste respecto al meridiano de Madrid, y 42º 49´33´´ de latitud norte, conforme a la hoja nº 131 del I.G.C Cistierna, escala 1:50.000 (fig. 1). La zona es ya conocida en la bibliografía referida a la arqueología por haberse localizado en sus inmediaciones una espada o puñal de espiga atrofiada del Bronce Antiguo (Delibes, Avello, Rojo, 1982). El yacimiento ha sido estudiado, aunque permanece inédito (Celis Sánchez, 1985 :32,47, fig. 2, nº , fot. 7,1).

Figura 1. "La Cildad" de Sabero, León. Plano E:1:5.000. La flecha indica el lugar aproximado del hallazgo del fragmento de fíbula de codo.

El castro de "La Cildad" está emplazado sobre un macizo rocoso, aprovechando un pequeño anticlinal entre dos escarpes rocosos. El acceso a este lugar se puede hacer por la margen derecha del río Esla, al sur de los hornos de Cok, y por un camino que asciende a una línea de calderetas de carbón, ubicada al sur-este del castro.

El anticlinal sobre el que se asienta, está situado en un macizo rocoso de calizas del Secundario, claramente plegadas de suroeste a sureste. Queda delimitado por el valle del río Ahorcado por el norte, lo que hace que la vertiente noroeste del mismo sea muy elevada y abrupta. Este río desemboca en el Esla, formando un ángulo obtuso con él, encajonándose entre dos laderas escarpadas, es decir, formando una auténtica hoz, lo cual define la gran pared vertical del castro en su vertiente norte-noreste, lugar prácticamente inaccesible.

Por el sur y sur-oeste, el emplazamiento defensivo se cierra por una de las crestas del anticlinal, dando así cierre natural al conjunto. Este alto lo separa, después de un pequeño valle, de un pico elevado, lugar de ubicación de un castillo medieval, posiblemente "El Castillo de Aquilare" (Prado Reyero 1994: 67-69).

La clara función defensiva de este yacimiento castreño aprovecha primeramente el medio geográfico, al que se unen defensas artificiales. Es pues un lugar de importancia estratégica y defensiva en las primeras estribaciones de la montaña central leonesa. Por una parte, se accedería hacia el Norte, por el valle del río Esla, en dirección hacia Asturias y Cantabria, a partir de Riaño, y, por otra, hacia áreas de los contactos Meseta-Montaña, zona de Boñar y de Morgovejo, donde se conocen yacimientos similares a través de los afluentes del Esla. Creemos que se trata, además, de un lugar de importancia económica. Mediante los pasos de los valles inferiores se comunica con la zona de Meseta, regiones de vocación agrícola, y con las zonas montañosas. En el lugar del asentamiento existen pequeños valles colgados, ricos en pastos aptos para mantener una economía de tipo ganadero, al igual que un aprovechamiento forestal, debido a la existencia de bosques de roble, encina, haya, etc.

La superficie del castro no es llana, sino que va elevándose desde el punto más bajo, 1.100 mts. sobre el nivel del mar, en la zona sur-este, hasta 1.140 mts. sobre el nivel del mar, el punto más alto en el noroeste, siguiendo su eje mayor. La altura relativa máxima del conjunto son 180 mts. Sus medidas son 450 mts. aproximadamente del eje mayor, noroeste-sureste y 175 mts. en el eje noreste-suroeste.

Figura 2:2.1 Foto de la muralla noroeste en "La Cildad"; próximo a ella se descubrió la fíbula de codo.Hace algunos años Jesús Cuadrado, vecino de Aleje, recorrió intensamente este yacimiento y recogió abundantes materiales que, principalmente, pueden adscribirse a la Segunda Edad del Hierro, no obstante, algunas cerámicas, elementos de bronce y un lote de industria lítica, parecen pertenecer a una ocupación más antigua, seguramente, de la Edad del Bronce, aunque la correspondencia a algún periodo de la misma debe hacerse, como en el caso del fragmento de fíbula de codo que ahora presentamos, solamente en función de la tipología que ofrecen. La pieza que nos ocupa fue recogida en la ladera oeste del castro, la que mira hacia el caserío de Sabero, a escasos metros de la muralla de piedra que cierra este recinto defensivo (fig 1 y fotografía 1). A instancias nuestras dicha pieza fue entregada al Museo de León donde se ha inventariado con el expediente 86/9.

Características morfológicas y tecnológicas.

Lo conservado forma parte de uno de los brazos que componen el puente que daría paso, en primer lugar, al codo central, hoy perdido. Tras dos molduras de anchura creciente, aparece un amorcillamiento o gallonado central, de sección plano-convexa con tendencia a lo lenticular, ligeramente incurvado y decorado con múltiples incisiones finísimas, tras el que se desarrolla de nuevo una ligera molduración. Es resto de la pieza es de varilla de sección circular y conserva el inicio del resorte. Sus medidas son: 5´5 cm. de largo por 1´5 cm. de ancho, en el amorcillado; y 0´3 cm. de diámetro la varilla (fig. 2). El fragmento de Sabero es parecido al también fracturado, encontrado en el yacimiento salmantino de El Berrueco, aunque tiene otros paralelos meseteños más lejanos como el del "Alto de Yecla" de Silos. Desgraciadamente y debido a su fragmentación quedan ocultas sus otras características como el codo, la longitud del otro brazo -el que contendría la cama de la aguja-, el resorte y la propia aguja.

El objeto de estudio es un fragmento de fíbula de codo de bronce que parece corresponderse con los ejemplares más clásicos derivados de los tipos de origen sirio-chipriota, similares a los del célebre hallazgo de la "Ría de Huelva", y que, dentro de la Meseta Norte, adquieren peculiaridades propias. El único ejemplar normeseteño parangonable con los andaluces del mismo tipo es el de S. Román de Hornija (Delibes 1978, Fernández Manzano 1986), mientras que los restantes: la del Berrueco, Silos, provincia de Burgos (Fernández Manzano 1986 : 128-131, fig. 42) y Sabero obedecen ya a modificaciones sustantivas como son las que siguen:

1º.- El realce del cuerpo central, de los gallones, que siempre están decorados, con finas incisiones en el caso leonés -tal y como se observa en algunos ejemplares de Huelva-, más acusado en los de el Berrueco y provincia de Burgos, y ya reticulado en el caso del "Alto de Yecla" en Silos. 2º.- Los brazos después del bucle se llegan a hacer iguales, aunque esta cuestión solo la observemos en el caso del ejemplar de la provincia de Burgos. 3º.- Por otro lado se encuentra el progresivo alargamiento de la varilla sobre la que se construye el resorte y la aguja, este aspecto se destaca también en los ejemplares de Silos y del Berrueco pero se destaca muy marcadamente en el fragmento leonés. 4º.- Por último, comparece en éstos el tamaño considerable, mientras que en los casos de la Ría de Huelva y su réplica en el meseteño de S. Román de Hornija, los ejemplares apenas sobrepasan los cinco centímetros de longitud máxima, los demás ejemplares de inspiración onubense oscilan entre los 7 cm. que estipulamos para el ejemplar silense, 8 que tendría el del Berrueco, llegando a 9 cm. el supuesto de Sabero. Todo ello nos lleva a suponer que este grupo, solamente constatado en la Meseta Norte, se comienza a diferenciar con acusada personalidad como variante de las fíbulas prototipos de la Ría de Huelva, tal vez sean producto de una fabricación imitativa, que habría asimilado los gustos en el atuendo personal, sin duda, importado.

Figura 2:2.2. Dibujo del fragmento de la fíbula de codo de "La Cildad" de Sabero.El análisis espectográfico realizado ha dado el siguiente resultado:

Fe: 0´853    Ni: 0´527     Cu: 79´31    Zn: nd     As: nd    Ag: 0´040     Sn: 18´64

Sb: 0´101    Pb: 0´635   (1)

Una cuestión merece destacarse de esta análisis, prácticamente el bimetalismo que se observa en la aleación ya que la existencia de plomo es muy poco notoria. Esta composición broncínea casi pura se vincula al grueso de las fíbulas de codo peninsulares tales como las de Huelva, S. Román de Hornija y Perales del Río en Madrid (2), aunque, si comparamos la analítica de la de Sabero con el lote de la Ría de Huelva, nos encontraremos con algunas cuestiones interesantes, en primer lugar, con un grado de inferior en el porcentaje en el cobre, que en los ejemplares onubenses se sitúa entre el 90´13% y el 86´00%, mientras que el procenteje de estaño es en la leonesa significativamente mayor, con un 18´64% (en los ejemplares de Huelva no superan el 15´05%, situándose la media en torno a un 12%), considerándose en ello una posible causa de la fragilidad del caso leonés, tal vez el origen de su rotura ya en el proceso de construcción, lo que inequívocamente, la situaría como desecho para refundido (3).

Para su fabricación todas ellas parecen haberse fundido a molde seguramente con la técnica de la cera perdida, en donde uno de los extremos cilíndricos daría paso al resorte y a la aguja por estirado y martillado, y, en el cual, intervendrían los procesos de recocido, evidentes en las metalografías efectuadas en estas fíbulas (Rovira 1987). El proceso de fabricación de la fíbula se llevaba a cabo estirando el producto de fundición, doblado del tallo para formar el codo, con martillo y cincel se formaba la cama, se efectuaba, entonces, el resorte por enrollamiento del alambre y se procedía a la decoración final. Este proceso parece estar de acuerdo con lo conocido en las mismas fechas de fabricación de estos imperdibles en todo el Maditerráneo, por lo que parece entenderse que "los sistemas de elaboración de metales tuvieron una difusión más amplia y uniforme que los rasgos estilísticos de ciertos objetos", aunque se da más valor al empirismo en la experimentación de los propios fundidores que a los procesos de difusión generalizados (Rovira 1987, 57).

Marco cultural y cronológico de las fíbulas de codo.

Las fíbulas de codo son, quizás, uno de los objetos broncíneos que más han acaparado la atención de los investigadores del Bronce Final por las cuestiones emparentadas con el tráfico marítimo de productos relacionados con el adorno personal, vinculado a las élites, la relación con el Mediterráneo Central y Oriental, la difusión peninsular y sus vínculos dentro del Bronce Final Atlántico (Almagro: 1940, 1957; Almagro Gorbea: 1977; Delibes 1978, Fernández Manzano 1986, Ruiz-Gálvez 1984, Blasco Bosqued 1987, Carrasco, Pachón y Pastor 1985, etc...).

El tipo, a pesar de encontrarse solo parte de la misma, es conocido fundamentalmente por la aparición de varios ejemplares en el conocido depósito que le da el nombre. Almagro (1940: 85, 143; Idem 1957: 97 y ss; Idem 1968: 198-207) afirmaba, que era un objeto que mostraba las relaciones directas de la Península Ibérica con el Mediterráneo, al derivarse de los modelos sirio-chipriotas y los sicilianos de "casibile", fechando las hispanas hacia el 750 a. C. Almagro, para la Península Ibérica, diferencia varios tipos, uno tipo "Huelva", de inspiración "sirio-chipriota", con ejemplares en el Berrueco, Museo de Barcelona, "Alto de Yecla" en Silos, procedentes de la Meseta Norte, etc., y otro tipo, el "siciliota", de Cassibile III, uno de cuyos ejemplares lo sitúa en Villasabariego, León, aunque siendo más propio de la zona andaluza, valenciana y de la meseta sur, en donde entran modalidades ad ochio, cartografiadas hace ya unos años por Blasco Bosquez (1987, fig. 5), a los que debe unirse la reciente aparición de un nuevo hallazgo en Soto de Tovilla (Tudela del Duero, Valladolid) (Quintana López y Cruz Sánchez, 1996, p. 21, fig. 5, nº 10).

Para autores como Cowen y Hawkes la producción de la fíbula de codo tipo "Huelva" era, sin duda, el resultado de la cada vez más intensa presión en Occidente del comercio orientalizante, que, además, se expandía al interior entrando en contacto con los indígenas de la región (4).

Las fechas absolutas obtenidas en el Depósito de La Ría de Huelva, entre el 880 y el 850 (sin calibrar), parecen hoy más antiguas, según las calibraciones recientes, en torno al s. X-IX (Ruiz-Gávez 1995 a). Ello viene a confirmar una tendencia al envejecimiento también defendida para el hallazgo cerrado de San Román de la Hornija -finales s. XI-X a. C. (Delibes de Castro, Romero Carnicero, Sánz Mínguez, Escudero Navarro, San Miguel Maté 1995: 58, 59). Al tiempo el marco de confluencias morfológicas de los prototipos Chipriotas y Sicilianos presentes en los casos hispanos (Ruiz Gálvez, 1979, 275-286, Delibes 1978), a lo que no era ajena su comparecencia en los depósitos asimilados a Venat (Coffyn, Gómez, Moen 1981, lam. 9), daría pie a pensar que las hispanas de este tipo, serían coetáneas a las orientales y centromediterráneas, con lo cual parece inferirse que numerosas influencias proto-orientales habrían llegado a la Península Ibérica durante el Bronce Final de marcado signo atlantista, si no antes, y ello llevaría a pensar en una adaptación de estos productos al repertorio de los talleres broncistas hispanos, lo que habrían producido la adopción de los modelos, su variación, y la posterior herencia y modificación formal, en el caso de estos peculiares imperdibles. Idea que se admite para otras producciones broncineas más modernas, tales como las espadas de tipo "lengua de carpa" evolucionadas, como la de Villafranca del Bierzo, en torno al siglo IX-VIII a. C. (No calibrada). Este substrato dio pie a la fabricación autóctona, según refleja la unión de características tanto de origen sirio-chipriota como de origen sículo, defendida para los tipos onubenses, como ya observó el profesor Delibes (1978: 244-246), y puede ser la base para explicar las variaciones del conjunto de piezas de raigambre sirio-chipriota localizadas en la Meseta Norte como expusimos más arriba.

El envejecimiento de las cronologías aceptadas hasta ahora para este tipo de imperdibles parece confirmarse según lo constatado en yacimientos del SE de la Península, en donde se propone una producción propia de tales objetos en una amplitud cultural del Bronce Final I del S. E., equivalente al B. F. II atlántico en yacimientos que no presentan boquiques y que sin problemas se ubicarían en torno al s. X, si no antes, en el XI a. C. El presunto excepcional hallazgo de una fíbula de codo del tipo Ría de Huelva, junto a una espada próxima al grupo de lengua de carpa en el "Cerro de la Miel", en Moraleda de Zafayona, Granada, con claros vínculos referenciables al cercano "Cerro de La Mora", ha llevado a sus descubridores a proponer interesantes cuestiones sobre los vínculos culturales del Mediterráneo y su implicación en el devenir autóctono de las gentes del Bronce Final andaluz (Carrasco, Pachón y Pastor 1985: 296 y ss., fig. 22, nº 102).

Un análisis del mapa de distribución de las fíbulas de codo en la península parece confirmar la idea que sugiere Blasco Bosquez (1987: 24, fig. 5) de un ámbito preferente, ya que no exclusivo (5), de abastecimiento de los tipos sirio-chipriotas en el occidente de la península y su discurrir hacia la Meseta Norte, a través de la vía natural y cultural conocida como "Vía de La Plata". Sin olvidar que la concentración de fíbulas de codo de influencia sícula parece desarrollarse en el Mediodía peninsular con clara proyección en la Meseta, donde se recogen fíbulas tipo Ad Occhio, caso de los ejemplares de Perales del Río, Getafe, Madrid; y Soto de Tovilla, Tudela del Duero, Valladolid (Blasco Bosquez 1987, Quintana López y Cruz Sánchez 1996: 21, fig. 5, nº 10), espacio geográfico en donde pudieron coexistir los dos tipos.

Los vínculos culturales de las fíbulas de codo en la Meseta Norte.

Sin desestimar el problema de la aparición aquí del fragmento de fíbula como una posible reutilización o reciclaje de un objeto antiguo entre la chatarras de fundición de los ocupantes del castro cántabro de la Segunda Edad del Hierro, cuestión ya señalada en objetos recogidos en castros gallegos y asturianos; varios elementos recogidos en el citado castro indican una ocupación anterior a esa fase cultural, lo que nos lleva a considerar la posibilidad de una ocupación en la Edad del Bronce. Entre ellos, un fragmento de puñal de cobre o bronce -que por su estado no permite relacionarlo tipológicamente- algún elemento de hoz, sierras de silex, cerámicas a mano, etc. (Celis 1985: 32, 47), parecen dignas de avalar esta hipótesis, aunque la falta por el momento de las típicas lozas de boquique-excisión constituye un handicap para asegurar con rotundidad su adscripción a la cultura conocida de Cogotas I.

Las fíbulas del tipo Huelva, junto a las denominadas ad acchio aparecen asociadas, casi siempre, en la Meseta, a contextos de Cogotas I (Delibes 1978, Fernández Manzano 1986, Blasco Bosquez 1987)(6), por lo que no nos resistimos de pensar que esta podría haber sido la ocupación antigua del castro "La Cildad" de Sabero. El hecho de registrarse varios jalones en el valle medio del Esla con yacimientos de Cogotas I, y hallazgos de metalurgia asimilada al Bronce Final atlántico (7) avalan a este río como eje de circulación de las gentes del Bronce Final de la Meseta, con lo que su relación es más que probable.

Si la presencia de esta fíbula en Sabero, la única localizada en la provincia de León (8), se pudiera vincular con la peculiar cultura peninsular ello podría traer a colación las migraciones cogotianas en las que se han querido ver traslados pecuarios de corto alcance, en una especie de transterminancia, en donde las gentes que poblaban el valle mantenían contactos con zonas serranas próximas a fin de buscar complementareidad de pastos para el ganado, lo que daría pie a relaciones entre élites (9). A pesar de que esta podría ser una interpretación clásica, la constatación de una economía de tala y roza de tipo itinerante en los yacimientos típicamente cogotianos podría explicar la accesibilidad terminal a estas zonas serranas, todavía con importantes áreas de potencial aprovechamiento agropecuario. El lugar del hallazgo también podría explicarse por una de las cuestiones vinculadas a una zona de paso o vía natural planteadas recientemente (Ruiz-Gálvez Priego 1995 a).

Pero existe otra razón de peso que pudiera explicar la presencia de este objeto y de sus portadores prehistóricos en las estribaciones de la Cordillera Cantábrica, siempre interpretado en la Meseta Norte como objeto suntuario de origen foráneo (Delibes et alii 1995, 56), vinculado en alguna ocasión con la indumentaria, también de raigambre exótica (Almagro Gorbea 1986: 369), y es el intercambio o regalo, es decir, que tal pieza broncinea podría haber sido objeto de un de don de prestigio, objeto de transacción, al igual que otros objetos de la Ría de Huelva, como parece que fueron las armas ofensivas, los cascos pasarriendas, botones, broches de cinturón y objetos de fundidor (Ruiz Gálvez 1995: 139). ¿Existe algo en esta zona que tuviera un carácter de valor para ser intercambiado?, evidentemente sí, la riqueza de la zona en minerales. En efecto, venimos observando allí una relativa frecuencia de afloramientos cupríferos que día a día nos vienen mostrando signos de explotación antigua, como bien se ha manifestado en recientes prospecciones (10), amén de otros minerales como el caso del cinabrio existente en Lois, en una de las minas donde apareció un espléndido caldero de tipo "Cabarceno" (Schubart 1961), correspondiente al Bronce Final III, lo que pone en solfa la potencial riqueza para las economías de ámbito prehistórico, abundando, más si se quiere, al tener en cuenta que la comarca de contacto entre la meseta y la montaña ha sido pródiga en hallazgos metálicos que se extienden desde el Calcolítico a la Edad del Bronce (Delibes, Fernández Manzano 1983).

(1) Análisis por espectografía de fluorescencia de rayos x (% en peso) realizado por Salvador Rovira en el espectómetro Keves Mod. 7.000 del I.C.R.B.C. análisis PA 2409. Este junto a otros muchos se ha incluido en un proyecto de investigación de arqueometalurgia de la Meseta Norte coordinado por Germán Delibes y Julio Fernández Manzano.

(2) Con esta última es comparable el análisis, aunque en Perales del Río el porcentaje de cobre es mayor y en cambio no presenta ninguna huella de plomo, (Blasco Bosqued 1987, 20)

(3) Los datos procedentes de los análisis del lote de fíbulas en Huelva pueden verse en Rovira, 1995: 45 y 46, tabla 10.

(4) Para Hawkes (1966: 190 y ss.) los responsables de la llegada de estos elementos se debe a la presión comercial de los fenicios y su influencia se dejaba sentir en el interior afectando a inmigrantes relacionados con ganaderos.

(5) Esta situación ha cambiado ya que hoy día también se registran ejemplares de bucle ad occhio en la Meseta Norte caso de un ejemplar de Soto de Tobilla en Tudela de Duero (Delibes et alii 1995, 57), mientras que comienzan ya a conocerse las de tipo Huelva en la zona andaluza oriental como el caso de Morales de Zafayona (Carrasco, Pachón y Pastor 1995, 296 y ss.), el ejemplar ad occhio del yacimiento funerario de Roca de Casal do Meio en Portugal, y algún otro fragmento de este mismo tipo en El Berrueco, Salamanca (Rovira 1995: 46).

(6) Los casos de S. Román de Hornija, El Berrueco, Silos, y Perales del Río parecen ser claros, en el caso de Soto de Tovilla en Tudela de Duero no está claro pues junto a especies de Cogotas I se recogen también cerámicas de la Cultura del Soto en su fase formativa, en todo caso dentro de los márgenes cronológicos propuestos para estos objetos (Quintana López y Cruz Sánchez 1996: 20 y ss.).

(7) Nos referimos a yacimientos de Cogotas I en Ardón o en Valle de Mansilla y las espadas del tipo "lengua de carpa" de Villaverde de la Chiquita, referenciados en Celis 1985.

(8) En la bibliografía sobre estos imperdibles ha sido tradicional el considerar como fíbula de codo de los tipos incluso más antiguos emparentados con ejemplares de Megido a un presunto hallazgo de Lancia, Mansilla de las Mulas, esta pieza aparece en casi todas las monografías recientes sobre este tipo de objetos (FERNÁNDEZ Manzano 1986, 128-131. fig. 42, Blasco Bosquez 1987, fig. 6). Pues bien, el pretendido hallazgo dista mucho de ser una verdadera fíbula de codo, sus características morfológicas con brazos simétricos y fusiformes, el extremo ganchiforme de uno de sus extremos, aquel que supuestamente daría paso al resorte de la aguja. Además su composición en el caso lanciense presenta un porcentaje de plomo de un bronce de aleación ternaria, lo que es inusual en la composición de estos imperdibles. Ello nos lleva a cambiar sensiblemente su interpretación tradicional, proponiendo una atribución funcional más acorde entre un tipo de objetos o ganchos de forma simétrica, con dos brazos abiertos, para los que se ha empleado acepciones como "gancho astúrico" "gancho de doble anzuelo" o más generalizado "laciforme" que está muy bien representado en yacimientos del área astur desde la Primera Edad del Hierro y es extraordinariamente frecuente en los castros de la 2ª edad del Hierro de la Cultura del NW. con claras pervivencias en la primera romanización (GUTIÉRREZ González, 1985: 52-53, fig. 16), no faltando tampoco en zonas más celtiberizadas del centro de la Meseta como en el caso de Padilla del Duero (Sanz Minguez 1997, 395-398, fig. 183. Este autor recoge también el cambio de atribución tipológica para esta pieza p. 396). Tal asignación tipológica encaja mucho mejor con las características arqueológicas del conocido yacimiento astur, sede de una importante civitas como fue Lancia.

(9) La importancia de traslados pecuarios en el occidente peninsular a través de la vía de la Plata como la gran ruta de intercambios SO/NO asociados a las nuevas modas y a la idea de la imagen simbólica del lider determinado en el registro de fíbulas, cerámica pintada, pinzas, peine, broche de cinturón, etc. (Fábregas Valcarce y Ruiz-Gálvez, 1997: 209 y fig. 6 en donde se cartografían los hallazgos recientes de fíbulas de codo portuguesas).

(10) Nos referimos a las prospecciones efectuadas en la zona nororiental de la provincia de León, por el área de Arqueología de la Universidad de León, con el fin de detectar los orígenes y el poblamiento del grupo de los vadinienses dirigidas por Jesús Liz y el que suscribe.

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